Farsa novohispana 'Juicio a dos guajolotes en mole' llega al Centro Cultural El Hormiguero
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Ciudad De México, 01 de noviembre de 2026.- La farsa de origen novohispano 'Juicio a dos guajolotes en mole', recuperada por el dramaturgo y actor Adrián Martagón, llega al Centro Cultural El Hormiguero en una producción de Los Chatos Teatro, con dirección de Itari Marta y actuaciones de Martagón y Daniela Acuayte.
El expediente de la obra contiene un 'guajolicidio': dos guajolotes se baten en duelo y uno muere. La propietaria del guajolote muerto exige que la dueña del vencedor se lo devuelva vivo, por lo que ambas acuden a Macario García, alcalde de fama culinaria, a quien corresponde resolver el reclamo. De acuerdo con Martagón, se trata de "un cocinero altamente capacitado, afamado por su buena comida".
El público podrá intervenir en el juicio y probar el mole preparado durante la función. Con experiencia en improvisación, Martagón planteó una participación activa de los asistentes, tanto en la asamblea como en la degustación. "Estamos compartiendo una mesa implícita en el escenario", señaló.
Martagón leyó el 'Curioso entremés de dos guajolotes que se pelearon', incluido en una antología de dramaturgia conventual. El texto anónimo fue escrito en el convento de Santa Mónica, en Puebla. La nueva dramaturgia lleva las firmas de Sor Anónima y Adrián Martagón. "A veces pensamos que la única hermana religiosa que escribió teatro era Sor Juana. Y no", afirmó.
El dramaturgo conservó el conflicto e incorporó alegorías de la justicia, la voluntad y la razón, personajes que influyen en las decisiones humanas. Su propósito fue acentuar la demagogia y otros vicios presentes en el original, y la crítica alcanza también a quienes reclaman una sentencia.
La gula, la soberbia, la ira y la envidia impulsan las conductas de los involucrados, de acuerdo con la concepción cristiana del texto. Martagón vinculó el hambre con la búsqueda de una justicia que tarda o cuyas resoluciones dejan insatisfechos a quienes la solicitan. El animal es motivo de disputa, alimento y objeto de deseo, pero también propicia un encuentro alrededor de la comida.
"No queremos hacernos los santurrones ni los moralinos, sino exponer las consecuencias de vicios desbocados que en el ejercicio del poder pueden afectar a los individuos", sostuvo Martagón. "Todos somos viciosos y todos tenemos ese núcleo de corrupción", agregó.


